Chin Chin
Brindando por los pequeños milagros de la semana: vinos, libros y conversaciones que iluminan.
Hay días en los que todo parece normal y de repente… ¡zas! Un vino te sorprende, un podcast te hace llorar y reír a la vez, y una conversación que parecía banal te deja pensando “¿pero cómo he vivido tanto tiempo sin esto?”. Eso es la vida: caos, sorpresas, pequeñas chispas que te recuerdan que estás viva y que, por mucho que todo parezca gris, siempre hay luz si te das la molestia de abrir los ojos.
Me gusta pensar que somos como neuronas en un cerebro gigante llamado humanidad. Pequeñas, insignificantes, sí… pero conectadas por miles de hilos invisibles que transmiten ideas, emociones y gestos. Una neurona sola no hace gran cosa, pero millones trabajando juntas pueden mover montañas, crear arte, amor, revoluciones… o al menos hacernos reír un rato. Y lo mejor, cada chispa que dejamos, por pequeña que parezca, tiene efecto. Aunque no lo veamos. Aunque no nos lo digan.
Hace siglos, los romanos tenían al Sol Invictus, celebrando que, tras la noche más larga, la luz siempre volvía. Hoy sabemos que es solo una esfera de hidrógeno y helio, pero el mensaje sigue siendo igual de potente: siempre hay un rayo de luz, incluso en los días que parecen más grises. Nosotros somos como esas neuronas: a veces nos sentimos diminutos, atrapados en la rutina o en nuestras preocupaciones… pero podemos decidir irradiar luz, incluso un poquito, y eso cambia algo.
La vida nos da oportunidades raras y maravillosas: tachar un objetivo que parecía imposible, abrirnos a nuevas ideas, iniciar conversaciones que terminan siendo trascendentales… Y ojo, que no hace falta que sea épico. A veces basta con un “sí” inesperado, un brindis improvisado, un momento que te hace sonreír sin razón. Todo eso suma, todo eso importa.
Un vino Rioja de crianza 2022 que me tiene fascinada: Comportillo. Ligero, elegante, con ese toque que te hace pensar “la vida puede ser buena, ¿verdad?”.
El prólogo –porque aún no he leído más– del libro “Pon tus hormonas a funcionar”, de Isabel Viña (una joya de mujer y profesional), escrito por su maravilloso hermano. Breve, intenso, y con esa capacidad de dejarte la piel de gallina y las ganas locas de lanzarte a leer todo lo demás.
Y para no perder la costumbre de inspirarnos en otros, la newsletter de Substack de Amaya Ascunce, “Leer por leer”. Perfecta para quien quiere sumergirse en historias que hacen que leer sea un placer, no una obligación.
Así que, por favor, vivamos con los ojos abiertos, con humor, con curiosidad y con ganas de encontrarnos con lo inesperado. Brindemos por las pequeñas chispas, por los podcasts que nos rompen y nos recomponen, por los vinos que nos sorprenden, y por esas conversaciones que, sin avisar, nos hacen más grandes.
Sol Invictus. Siempre.

